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lunes, 16 de febrero de 2009

El Anarquismo no tiene quien le escriba

Para el Socialismo del Siglo XXI.

Por Miguel Guaglianone

La discusión sobre el socialismo del siglo XXI sigue abierta. Encontrar una forma de sociedad que proporcione oportunidades de igualdad, inclusión y justicia para todos sus miembros y que sea capaz de trascender los males producidos por lo que llamamos el “sistema capitalista” es hoy más que nunca una necesidad inmediata.

La exacerbación y crisis del sistema capitalista (y de la Civilización Occidental) se ha hecho obscena con la presencia de los neocoms en el gobierno de los EE.UU. y en los últimos años la guerra, el nivel de injusticia a escala global y la devastación del planeta se han tornado aún más graves, colocando la opción de presentar una respuesta adecuada al sistema, como la única y urgente alternativa posible. Frente a esta situación, esa alternativa posible no es otra que la búsqueda del “socialismo”, una propuesta para una sociedad más equitativa, más humana, más promotora de las gentes, capaz de desarrollar una alternativa de vida para la Humanidad, frente a la alternativa de muerte planteada por los poderes establecidos.

Socialismo y revolución han corrido de la mano desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando el capitalismo empieza a vivir su edad dorada, apoyándose en la explotación desenfrenada de la mano de obra obrera. La respuesta a la opresión se hizo palpable a través de los movimientos sociales de los oprimidos. Allí nacieron hasta nuestra contemporaneidad, ideas de cambio social y de justicia, de propuestas y combates por una nueva forma de sociedad.

Si queremos hoy llevar adelante una nueva forma de vivir, de relacionarnos los unos con los otros, de permitir una vida digna a las mayorías, habremos de luchar y de encontrar una forma concreta para lograrlo. Tendremos que emplear toda nuestra creatividad a la búsqueda de ir creando un sistema y un modo de vida que contemple estas necesidades y que sea el adecuado a nuestra situación actual y sus características.

Pero también habremos de ahondar en las propuestas, luchas y resultados de más de un siglo y medio de enfrentamiento a los poderes establecidos, para poder rescatar de allí las ideas, los combates, los triunfos y desengaños, que puedan servirnos como referencias para crear los cimientos de una nueva sociedad.

Lamentablemente la memoria histórica parece volverse cada vez más corta. Es muy poco lo que tenemos en cuenta de todo ese cúmulo de experiencias acumuladas por individuos y grupos sociales que generalmente entregaron sus vidas en aras de un mundo mejor.

En el siglo XIX surgieron varias alternativas de cambio, distintas interpretaciones de cómo llegar a una sociedad mejor y diferentes formas de acción en ese sentido. El marxismo, que luego se convirtiera en marxismo-leninismo (en comunismo) fue una de esas visiones, que logró hacerse concreta en lo que se ha llamado el “socialismo real” sobre todo en dos grandes naciones, la Unión Soviética y la China. Es hoy la más conocida y la más promocionada como una base para la creación del Socialismo del siglo XXI. Sin embargo, existieron y aún están vivas otras importantes vertientes que proponen distintas formas de revolución y socialismo. Y no sólo en ideas, sino también en acciones reales, que han marcado profundamente nuestra sociedad actual, aún sin ser totalmente reconocidos sus aportes.

En el siglo XIX surgió un socialismo obrero que en los 30 primeros años del siglo XX guío las luchas proletarias en Europa y que ha tenido en nuestra América hombres de la talla de Alfredo Palacios en Argentina, o de Emilio Frugoni y Carlos Quijano en Uruguay o de Salvador Allende en Chile. Una parte de este socialismo ha sido el origen de las actuales socialdemocracias, que poco a poco fueron abandonando sus propuestas de cambio hasta convertirse en parte del status quo. Apareció también en ese entonces una visión socialista y revolucionaria cristiana, que se hizo presente con León Tolstoi y su socialismo libertario y cuyo desarrollo llega hasta nuestros días con la Teología de la Liberación, de actual y cada vez mayor presencia en nuestra realidad, luego de haber sido opacada por los poderes establecidos en la década de los 80.

Y nació también en ese tiempo una propuesta y una forma de enfrentar al poder que se plasmó en hechos y luchas sociales, que se llamó el Anarquismo o la visión libertaria.

Dentro de una serie de trabajos que intentarán rescatar las ideas y la historia de aquellos que se restearon por el cambio social, y que han sido dejados de lado por el poder y el olvido, hoy intentaremos mostrar lo esencial de las propuestas y luchas de la visión libertaria que propone el anarquismo.

El anarquismo y las ideas libertarias.

Sin intentar hacer una apología, creemos que es necesario reivindicar al anarquismo, que de esas visiones de cambio nacidas en el siglo XIX, ha sido quizás la más injustamente tratada. Por supuesto que existen razones históricas para ello, que también intentaremos mostrar. Como dice Chomsky: “El registro de las ideas anarquistas, de las luchas inspiradoras de gente que ha buscado liberarse de la opresión y la dominación, debe ser atesorado y preservado, no como una forma de detener el pensamiento y los conceptos en un molde nuevo, sino como una base para la comprensión de la realidad social y para el trabajo que se compromete en su transformación.”

Desde su propio nombre, el sistema social propuesto por los anarquistas ha sido desfigurado ideológicamente por los poderes hegemónicos, que han llevado a identificar la palabra anarquía con “caos” o “desorden”. La etimología de la palabra significa literalmente sin gobierno. Por supuesto que ningún anarquista (excepto quizás un pequeño grupo de anarco-individualistas) cree que no debe existir ninguna forma de organización social. Cuando se dice “sin gobierno” se hace referencia a no aceptar las estructuras establecidas de poder, específicamente su verticalismo y autoritarismo. Los anarquistas proponen estructuras horizontales, dónde el poder de las gentes se ejerza por democracia directa (y no por delegación). Por ello no creen en general tampoco en el Estado, al que consideran también una estructura de poder vertical y autoritario.

A diferencia del marxismo-leninismo, que propone una visión total del mundo y la sociedad, auto validada, determinista y “científica”, que pretende explicar todo acerca de los fenómenos sociales y su futuro; el anarquismo nunca ha intentado desarrollar una teoría general. Su propuesta parte de supuestos comunes (valores) y sobre todo de una posición ética frente al mundo. No ha desarrollado nunca una visión dogmática absoluta, sino que a partir de los supuestos comunes ha guiado sus análisis, sus propuestas y sus acciones de acuerdo a las realidades del entorno y a sus interpretaciones sobre la forma de acción. Esto explica como en el proceso histórico han surgido distintas posturas anarquistas, anarco-individualistas, anarco-sindicalistas, anarquistas comunistas, anarquistas educadores, etc. Todas ellas coherentes con esos postulados comunes.

Los anarquistas centran su visión en el individuo y su humanidad. A diferencia de J.J. Rousseau, creen que el hombre (y la mujer) no nace ni bueno ni malo, sino que sus posturas frente al mundo dependen de su anécdota en su entorno. Su individualismo no es en absoluto el propuesto por la visión capitalista, dónde cada persona debe vivir por sí y para sí misma, sino que es un individualismo solidario. La humanidad es sobre todo una especie gregaria, y el individuo sólo tiene sentido en su relación con los otros individuos, quienes constituyen la sociedad. Los anarquistas creen en individuos auto responsables, concientes de sus semejantes, con una total responsabilidad social que guía sus acciones. Creen además en la libertad individual, nadie puede imponer a los demás su voluntad, sólo existe para ellos la regulación social basada en el respeto del otro y de su propia libertad.

Los anarquistas han sido quienes más han estudiado el fenómeno del poder en la sociedad. Este conocimiento profundo del poder y sus consecuencias hacía que, ya en la Primera Internacional, Mihail Bakunin enfrentara la visión de Marx de “dictadura del proletariado”, mostrando como una dictadura del proletariado sería en realidad sólo la dictadura de algunos proletarios, que se constituirían en una nueva clase social, la que tendería a burocratizarse y acaparar el poder de todos. Con más de un siglo y medio de anticipación estaba previendo el drama de la Unión Soviética.

La visión libertaria cree en el poder de cada individuo y en la asociación voluntaria del poder de cada uno. Por eso rechazan todo tipo de delegación o apropiación de poder por parte de otros individuos o instituciones sociales. Para ellos el liderazgo puede ser sólo un fenómeno transitorio. Un verdadero líder cumple su rol social solamente en momentos coyunturales, mientras “interpreta” las voluntades y necesidades de todos. Por ello en sus propuestas está siempre la rotación voluntaria de los cargos ejecutivos y la asamblea como única autoridad colectiva. Sin embargo, respetan otras autoridades “pueden admitir la intrínseca autoridad de un médico, en lo que se refiere a la enfermedad o a la salud pública, o del agrónomo en lo que toca al cultivo del campo; no pueden aceptar en cambio, que por el hecho de haber sido elegidos o impuestos por la fuerza del dinero o las armas, los dirigentes decidan permanentemente sobre cualquier cosa, sustituyan a la voluntad de cada uno, determinen el destino y la vida de todos।” (१)

Sus propuestas de organización social están centradas en la distribución horizontal del poder. Una sociedad compuesta de grupos autogestionarios, enlazados por redes federativas, en las que los delegados a los organismos federales sean mandatados, rotativos y deban rendir permanentemente cuentas a los colectivos que los nombran, puede ser una visión aproximada (con todas sus variaciones) de las propuestas sociales libertarias.

Partiendo de que el ser humano individual es la base de la organización social, los anarquistas han sido siempre militantes de la educación. Han creído y ejercido la máxima visionaria de Simón Rodríguez de que “no es posible crear repúblicas si no contamos antes con republicanos”. Y creen que esta labor no puede dejarse para luego de triunfar la revolución, sino que debe ejercerse simultáneamente con la lucha social, para de esa manera ir forjando los hombres y mujeres de la nueva sociedad. Así, bajo el tronar de los cañones, en la comuna de París de 1848, Eliseo Reclús alternaba la pelea con la organización de la Biblioteca de París. O en medio del fragor de los combates por la República, en plena Guerra Civil Española, los anarquistas organizaban comunas, ateneos, escuelas y bibliotecas. Una concepción para formar aquel “hombre nuevo” que el Che plasmara en sus escritos y en su acción.

Finalmente, es muy curioso que el anarquismo sea la única corriente revolucionaria que considere que el arte es una parte integral del proceso de cambios. El rol del arte como forma de transformación del hombre y la sociedad ha estado siempre presente en las doctrinas libertarias, llegando incluso a generar experiencias educativas y sociales importantes en este terreno.

El anarquismo y la historia.

Los anarquistas han estado siempre en primera línea de combate en las revueltas contra la opresión. Veamos algunos ejemplos:

La comuna de París de 1848 fue hasta tal grado un movimiento libertario, que cuando Thiers, apoyado por los prusianos, conquista París a sangre y fuego, ante la imposibilidad de encontrar dirigentes, partidos o movimientos específicos que hubieran conducido el alzamiento, resistido el cerco militar y autogobernado a la ciudad por casi tres meses, se ve “obligado” a fusilar a más de 150.000 personas.

Durante los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX, los anarquistas se encontraron siempre en el frente en todo acontecimiento social revolucionario, participaron sobre todo en los alzamientos obreros que explotaban constantemente en Europa.

El más importante movimiento en el que los anarquistas tuvieron un papel protagónico fue la Guerra Civil Española. La CNT-FAI (Central Nacional de Trabajadores - Federación Anarquista Ibérica) agrupaba a las mayorías de trabajadores españoles. Las brigadas anarquistas combatieron valientemente en todos los frentes en la lucha contra las derechas y las fuerzas franquistas. Mientras tanto en Castilla y Aragón las comunas libertarias produjeron y educaron en un exitoso experimento social colectivo que fue arrasado por el fascismo triunfante. En Argentina hasta el ascenso del peronismo en 1945 y en Uruguay hasta la década de los 60, la lucha sindical y proletaria contra las oligarquías dominantes estuvo signada por la visión libertaria.

El último gran movimiento social del siglo XX, el mayo de 1968, encontró también a los libertarios en la cabeza de la lucha.

En el terreno educativo, las escuelas decrolyanas del sur (mesopotamia argentina y Uruguay), de inspiración libertaria, constituyeron en la década de los 30 la más importante experiencia educacional a nivel escolar del continente, hasta ser aplastadas con la descalificación más burda por las burguesías dominantes en ambos países. En la década de los 60, los logros de la escuela de Sumerhill en Londres, dirigida por A.S.Neill, provocaron cambios profundos en los conceptos sobre educación a nivel global. En esa misma época en Montevideo, la experiencia de 15 años de la Escuela Nacional de Bellas Artes, aplastada por la dictadura militar, marcó también nuevos paradigmas en los criterios educativos a nivel universitario.

La obra de Herbert Read en Inglaterra, y sobre todo su trabajo de Educación por el Arte, ha marcado nuevos parámetros sobre el rol del arte en la educación y la formación de individuos capaces de crear un nuevo mundo. Igualmente sus escritos políticos, de absoluta contemporaneidad, reflejaron esa condición múltiple del militante libertario, que atiende simultáneamente a todo el arco de situaciones humanas. Como un ejemplo: “Una insurrección es necesaria por la sencilla razón de que sacrificara sus ventajas personales al bien general. En el rapaz tipo de capitalismo que impera en Europa y Norteamérica, tales ventajas personales son el resultado de un ejercicio de baja astucia difícilmente compatible con un sentido de justicia; o se basan en una insensible especulación financiera que ni conoce ni se cuida de los elementos humanos que se hallan envueltos en el movimiento abstracto de los precios del mercado”.

El anarquismo y el olvido institucionalizado.

Extrañamente, unas ideas que tanto han contribuido a forjar una visión humanista y revolucionaria, y una historia de lucha social que también ha influido en todos aquellos que mantienen una posición de cambios, son casi absolutamente ignoradas en nuestra sociedad actual.

No es casualidad, las propuestas y las luchas anarquistas han sido tan revulsivas y efectivas a nivel social, que provocan inmediatamente la reacción, no sólo del fascismo (que intenta aplastar a toda visión de izquierda), sino también de las oligarquías y burguesías dominantes que sienten inmediatamente amenazada su posición de predominio ante cualquier grupo o experiencia social que no se pliegue directa o indirectamente al status quo, sino que lo desafíe frontalmente y sin claudicaciones. De esta manera el anarquismo ha sido combatido con saña en todas partes hasta lograr su desaparición (a veces hasta física), en muchas ocasiones al apenas manifestarse y tener alguna repercusión social.

Si a esto le agregamos, que las diferencias surgidas desde el principio entre anarquistas y comunistas, en la medida que el proceso histórico y las luchas sociales fueron desarrollándose, llegaron a convertirse en una lucha frontal que en muchos casos encendió el odio mutuo y el derramamiento de sangre, los anarquistas ganaron además un enemigo poderoso dentro de la izquierda.

Los anarquistas participaron activamente en la revolución Rusa, desde antes de 1905, pero cuando los bolcheviques tomaron el poder y comenzaron a manejar con mano de hierro el proceso revolucionario, sometiendo, alejando y combatiendo a todas las demás fracciones que habían participado en la revolución (proceso descrito detalladamente por Lenin en El Estado y la Revolución, antes del triunfo bolchevique), fueron combatidos encarnizadamente. Los sucesos de la rebelión de Krostand y de la Majnovchina, en los que el ejército rojo masacró masivamente los intentos de resistencia al centralismo del Soviet Supremo, son los mayores exponentes del grado de peligrosidad que podían significar los movimientos libertarios.

En los Estados Unidos, los sucesos de los mártires de Chicago (de los cuales hoy muy poco se sabe a pesar de que su ahorcamiento se conmemora en todas partes del mundo -menos en los propios EE.UU- el primero de mayo) y el ajusticiamiento de Sacco y Vanzetti, (que ya hoy ha sido demostrado que eran inocentes de los cargos por los cuales se les condenó) muestran de que forma han sido combatidos los anarquistas por parte de las democracias.

Durante toda la guerra fría, una de las pocas cosas en que Estados Unidos y la Unión Soviética estaban de acuerdo, es que todo foco anarquista debía ser combatido sin cuartel.

Y por supuesto, dentro de la visión hegemónica que nuestro mundo actual recibe cotidianamente a través de las influencias políticas y sociales y la comunicación globalizada, la palabra anarquismo es parte de todo aquello que, por no pertenecer a esa visión hegemónica, no existe por exclusión (exceptuando, nuevamente, cuando está asociada a caos o desorden).

A pesar de ello, las concepciones y luchas libertarias han logrado una profunda influencia en nuestra sociedad, no es casual el que algunos de los más importantes pensadores y filósofos de los siglos XX y XXI, se identifiquen (más o menos expresamente) con el ideario y la praxis anarquista. Entre ellos podemos nombrar a Bertrand Rusell, Martin Buber, Albert Camus, Jean Paul Sastre, Simone Weil y Noam Chomsky.

“Es frecuente, entre los historiadores y sociólogos que se ocupan hoy del anarquismo, afirmar que éste representa una ideología del pasado. Si con ello se quiere decir simplemente que tal ideología logró su máxima influencia en el pueblo y el movimiento obrero a fines del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, nada podemos objetar. Pero si ese juicio implica la idea de que el anarquismo es algo muerto y esencialmente inadecuado para el mundo del presente, si pretende que él no puede interpretar ni cambiar la sociedad de hoy, creemos que constituye un notorio error. Frente a la grave crisis (teórica y práctica) del marxismo, que se debate entre un stalinismo más o menos vergonzante y una socialdemocracia que suele renegar de su pasado, el anarquismo representa, más bien, la ideología del futuro”(२)


(१)Escritos Libertarios, Noam Chamsky, pág. 33, Ed.Capital Intelectual, Buenos Aires, 2007

_(२)La ideología anarquista, Angel J. Cappelleti, pág.129, Alfadil Ediciones, Caracas, 1985

E-mail: miguelguaglianone@gmail.com

La necesidad de una red comunicacional contra el monopolio de prensa


Por Diego Olivera

La información de prensa se ha transformado, en un peligroso argumento de los intereses trasnacionales, para la manipulación y el manejo de la información, que esta siendo utilizada como un arma de guerra, para crear condiciones de agresiones internacionales. La cita en Caracas del Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático, permitió que varios periodistas e intelectuales, pudieran reflexionar, sobre el papel de los medios privados, en la actual coyuntura internacional.

En varios trabajos hemos insistido sobre la desnaturalización, de los hechos objetivos, que conforman la información, hemos analizado las noticias que recorren el mundo, en las cadenas de prensa internacionales, como distintos medios en América Latina, EEUU y Europa. En ese estudio hemos comprobado, que existe un plan diseñado de manipulación de prensa, donde cada periódico, televisora o redes de Internet, trabajan sobre las mismas pautas, crear una imagen predeterminada, contra aquellos estados que no aceptan la tutoría, de EEUU y los países industrializados.

Por la importancia de este Encuentro, nos pareció importante destacar algunas intervenciones, de varios periodistas venezolanos, de América Latina y EEUU, las que citaremos a continuación:

El periodista y diputado a la Asamblea Nacional, Earle Herrera, manifestó que “Es necesario analizar profundamente los códigos de los mensajes que trasmiten los medios de comunicación privados. Es indispensable hacer ejercicios de inteligencia: se trata de desmontar los códigos de los mensajes que los medios de comunicación transmiten. Un ejemplo son los sucesos de Ecuador que, debido a la manipulación mediática, (provocó que Colombia) se convirtió en victimaria a la nación ecuatoriana".

El periodista venezolano y director del diario Últimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel, Se refirió a que “En América Latina se han producido cambios trascendentes en los últimos 10 años, que ha menudo nos han sorprendido a muchos y tienen de cabeza a importantes sectores de la política y la economía a nivel nacional e internacional. Lo más novedoso es que todos (los gobiernos) han sido producto de elecciones sin utilizar la violencia, han llegado al poder líderes populares con características muy distintas pero que demandaban inclusión”.

Para afirmar posteriormente Díaz Rangel “que en todos los casos el imperio hizo grandes esfuerzos para impedir las victorias populares con notorios fracasos, lo que no se puede aceptar es que la información y las noticias fueran desproporcionadas a favor de candidatos de derecha, que en muchos casos arrojó resultados manipulados, desvirtuados, deformados y ocultados. Esa línea agresiva que rompe con todo lo ético del periodismo, negadora de la verdad, se ha mantenido y acentuado en los gobiernos de Ecuador, Argentina, Brasil, Nicaragua, Bolivia y Venezuela, es una realidad mediática”.

El periodista mexicano Carlos Fazio, advirtió que “Estados Unidos lo que necesita, como hizo antes para aplicar el Plan Colombia con la excusa del narcotráfico, es que se genere en la conciencia colectiva que existe una guerrilla vinculada con la colombiana y que además tiene reclutados a mexicanos, formando narcoguerrillas: es aquí donde están participando los medios”. A lo que agrego “México, junto a Colombia, son el bloque militarizado de los Estados Unidos frente al bloque del Sur, que arranca desde Venezuela, va a Ecuador y sigue hacia el sur".

El periodista puertorriqueño Nelson Del Castillo, hizo una propuesta en el evento, crear “Una red de corresponsales que contribuyan a la divulgación efectiva de la información para combatir el terrorismo mediático en América Latina. Considero indispensable impulsar, la creación de nuevos medios de comunicación en la región, como el establecimiento de agencias de noticias y el fortalecimiento de las que ya existen, que contraataquen el terrorismo mediático de las grandes empresas que favorecen al imperio”.

El periodista brasileño Beto Almeida, se refirió a que “Puedo afirmar que en Venezuela lo que hay es exceso de libertad y exceso de democracia. Por eso el presidente de mi país, Luís Ignacio Lula da Silva, ha propuesto la creación de un Consejo Sudamericano de Defensa que nos permita en el Cono Sur del continente defendernos de manera coordinada de los ataques de Estados Unidos. Los medios han creado una campaña terrorista para evitar su conformación, ya que fortalecería la soberanía suramericana, acción que va en contra de los intereses de los dueños de medios”.

No pareció también importante, destacar la presencia del periodista estadounidense Raymundo Reinoso, que manifestó “Los llamados pulpos mediáticos estadounidenses son los encargados de crear campañas desestabilizadoras para desprestigiar procesos sociales en América Latina. La NBC (National Broadcasting Company), Universal y la Walt Disney Corporation son los que participan con dedicada persistencia en campañas desestabilizadoras y de desprestigio en contra de mandatarios y de procesos sociales emancipadores. Los medios impresos estadounidenses han registrado una baja en sus ventas entre el período de 2006-2007, tomando en cuenta que el Washington Post tiene un índice inferior en ventas que puntean en 4,5% y el New York Times 3,2%”.

Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático ha fijado pautas importantes.

Evento como este son muy importantes, porque crean un espacio de diálogo y crean condiciones para articular redes de prensa, porque no solo hay que identificar, el papel del monopolio de los medios privados, hay que crear mecanismos, que nos permitan mostrar los verdaderos hechos, que ocurren en América latina y el Mundo.

Muchas veces nos quedamos en declaraciones, no acumulamos experiencias, somos portadores de una nueva visión comunicacional, pero trabajamos individualmente, por eso retomo la propuesta el periodista puertorriqueño Nelson Del Castillo crear “Una red de corresponsales que contribuyan a la divulgación efectiva de la información para combatir el terrorismo mediático en América Latina”.

La necesidad de desarrollar una alternativa de prensa independiente, pasa a ser una prioridad en la nuevas relaciones internacionales, los medios privados han globalizado sus noticias, han creado un libreto con roles bien determinados, para multiplicar una sola verdad, las de los intereses trasnacionales

E-mail: diegojolivera@gmail.com

La Oroya es calificada como una de las 10 ciudades más contaminadas del mundo.

Una industria que condena a las enfermedades y una muerte lenta

Por: Sylvia Ubal

La Oroya es una ciudad ubicada a 175 Km. de Lima, posee una de las chimeneas más altas de Sudamérica, industria que es la responsable de la contaminación tanto del aire como del suelo, así como también de las aguas de los ríos Mantaro y Yauli, por lo cual carecen de vegetación y vida acuífera.


La Oroya es una ciudad ubicada a 175 Km. de Lima, en el departamento de Junín (Perú). En esta ciudad, la carretera Central se divide en dos ramales: uno se dirige a la ciudad de Huancayo, capital de la región; y el otro, a la selva central del Perú, lo cual convierte a La Oroya no sólo en un punto de convergencia de los viajeros del centro del país, sino también en una zona estratégica para el comercio y la industria.

Es conocida además por poseer una de las chimeneas más altas de Sudamérica. En 1922 se convirtió en un centro metalúrgico cuando la empresa Cerro de Pasco Copper Corporation inició sus operaciones. Desde entonces, la vida y la economía de esta ciudad que es de aproximadamente 30.000 habitantes, gira en torno a las necesidades de esta gran fundición la cual es la responsable de la contaminación tanto del aire como del suelo, así como también de las aguas de los ríos Mantaro y Yauli, por lo cual carecen de vegetación y vida acuífera. La situación es de extrema gravedad en el caso del plomo, cobre, zinc, hierro y arsénico, dióxido de azufre y otros metales pesados que emite diariamente al medio ambiente, a través de una enorme chimenea que parece dominar la ciudad.

La Oroya es el único lugar en América del Sur, que presenta los más altos niveles de contaminación de acuerdo a un informe del Instituto Blacksmith en el 2006 y es calificada como una de las 10 ciudades más contaminadas del mundo.

Junto a Chernobyl donde ocurrió el mayor accidente industrial del mundo, Dzerzhinsk una ciudad rusa donde se fabricaban armas químicas, Linfen donde se desarrolla la industria de carbón en China y Rapinet donde más de 3 millones de personas están afectadas por los desechos de curtiduría en La India.

Y en La Oroya las grandes compañías mineras, tanto nacionales (CENTROMÍN-PERÚ) como extranjeras (Cerro de Pasco Co. y DOE RUN PERÚ), asentadas allí desde el siglo XIX, no han hecho nada para dar una solución a esta situación al alto grado de contaminación del aire, que a ciertas horas del día, especialmente al mediodía, se hace casi irrespirable.

A consecuencia de la exposición a estos contaminantes, van desde el deterioro irreversible del sistema respiratorio, diferentes tipos de cáncer, efectos adversos en el sistema reproductivo y en el desarrollo y daños a órganos vitales; hasta cambios de conducta y en la actividad cerebral y agotamiento permanente, sobretodo a niños y niñas menores de 6 años. A pesar de ello, las autoridades de salud y ambientales del Perú no han cumplido las obligaciones de control a la actividad metalúrgica y de protección a la salud de los habitantes de la zona.

La fundición CENTROMIN Perú en 1974 pasó a manos del Estado Peruano quien presentó en 1996 su Plan de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA). Plan de 10 años, al cabo de los cuales la empresa se adecuaría a las normas ambientales vigentes en el Perú.

En 1997 el Complejo Metalúrgico de La Oroya (CMLO) es vendido a la empresa norteamericana Doe Run Company junto con la reconocida socia del cinturón de plomo en Missouri, compraron la planta de fundición de metales múltiples de La Oroya y se crea Doe Run Perú (DRP).

Este complejo es una enorme fuente de metales pesados y de emisiones de dióxido de azufre y quien desde el comienzo modifica 3 veces el PAMA y pide una ampliación de su plazo (que vencía en enero del 2007) por cinco años más. Después de muchas denuncias de los habitantes de la zona en los medios de comunicación, nacionales e internacionales, el Ministerio de Energía y Minas (MEM), en controversial desición, resuelve en junio del 2006, darles la ampliación del PAMA hasta el 2009.

Pero el Ministerio de Energía y Minas se olvida de los sufrimientos de los habitantes de la zona sabiendo que desde 1999 se vienen realizando estudios de salud y a partir del 2001 se evidenciaron los altos niveles de plomo en la sangre en mujeres gestantes y niños. Según el Ministerio de Salud (MINSA), el 99.1% de los niños tienen promedios altos de plomo en la sangre, 33.6 ug/dl (microgramos por decilitro), sobrepasando los límites máximos permisibles de la Organización Mundial de la salud.

En el 2005 la Universidad de Saint Louis, Missouri, en convenio con el Arzobispado de Huancayo, realizó un “Estudio sobre la contaminación ambiental en los hogares de La Oroya y Concepción”, para determinar los niveles de metales tóxicos en sangre y orina. Los resultados del muestreo biológico confirmaron la gravedad de la situación de salud en las comunidades de la ciudad de La Oroya y Concepción están contaminadas con plomo, arsénico, cadmio, antimonio, etc.

Esta situación generó que en Noviembre de 2005 las organizaciones Earthjustice, CEDHA (Centro de Derechos Humanos y Ambiente) y AIDA (Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente), junto con el Dr. Carlos Chirinos (abogado peruano), solicitaran medidas cautelares para que se hagan acciones urgentes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en nombre de los habitantes de La Oroya.

El 27 de junio del 2006, se reconoció el derecho a la salud de la población de La Oroya pues el Tribunal Constitucional peruano (TC) dictó sentencia en un proceso de acción de cumplimiento, declarando culpable al MINSA y ordenando que implemente en 30 días un sistema de emergencia para atender a las personas contaminadas con plomo en la sangre, debiendo priorizar la atención médica especializada de niños y mujeres gestantes.

Y el oro sube y suben las ganancias de las empresas mineras transnacionales y especuladores de los metales y del petróleo, pero también sube el envenenamiento del medio ambiente con plomo y el presidente Alan García no hace nada defender a su pueblo. y sabiendo que los niños son el porvenir de un país en La Oroya mas del 90% de niños, tienen plomo en la sangre y en los pulmones. Estas empresas mineras no solo envenenan el medio ambiente con plomo también las aguas de consumo humano.

E-mail: sylviaubal@gmail.com

El Metro y la publicidad neocapitalista

Por José Leonardo Guaglianone

Desde los años ochenta el Metro de Caracas C. A. implica para el caraqueño “de a pie” algo más que un servicio automatizado de transporte público. Material y simbólicamente ha acercado y vinculado a distintos sectores de una megalópolis socialmente escindida, constituida o “modernizada” de manera elitista, clasista (y claro está, debido a su geografía) a partir de la separación Este-Oeste. La égida democratizante de los vagones plateados no sólo dio relativamente al traste con la separación material de la ciudad “rica” y la ciudad “excluida”, la relación centro-periferia. También ha unificado la ciudad de manera simbólica, obligando a aislados acomodados y a pobres marginales excluidos a coexistir en su experiencia personal dentro de una vía rápida, necesaria para todos, siguiendo unas mismas normas y en paz.

Aunque considerando las cada vez más frecuentes golpizas espontáneas, de las que es testigo o participe cualquiera que haga uso regular del saturado “Sistema”, parecería ingenuo hablar de coexistencia pacífica. Sobre todo cuando algunos insisten todavía hoy en hablar de “lucha de clases”. Como no parece conveniente reducir tales actos de violencia, únicamente, a las desigualdades sociales, me gustaría invitarles a revisar el problema de las “clases dominantes” y sus “elites hegemónicas” internas, como diría Gramsci dentro del contexto de los rieles y vagones de nuestro subterráneo.

Para ello, emplearemos de los medios que podría usar cualquiera, no especializado, para pensar su cotidiana experiencia en el Metro: observación, prensa, Internet. Los recursos del ciudadano común que se disponga estar atento y obedecer al Comandante en aquello de la contraloría social y el socialismo práctico, presente en toda denuncia bienintencionada, revolucionaria.

Concretamente nos referimos al diagnóstico de una situación de apariencia irregular en el desempeño de esta institución que involucra a la sociedad capital en su conjunto. Nos referimos al abandono de un tradicional modo de producción y difusión de la publicidad y la simultanea implementación de un nuevo modo de producción y difusión publicitario que, como veremos, se aleja, por definición, de cualquier tentativa de administración socialista.

Para empezar, el Metro de Caracas es una obra pública de carácter funcionalista. Es decir, se trata de una obra arquitectónica y de ingeniería con fines prácticos, donde la función es determinante de la forma, donde el problema social de transporte a resolver es más importante que la belleza del edificio (en este caso un Sistema subterráneo) u otros atractivos. Sin embargo, la experiencia de Carlos Raúl Villanueva con la Ciudad Universitaria de Caracas en los años cincuenta ya había mostrado a nuestra sociedad que las obras más modernistas necesitan, recurrir al diseño arquitectónico, urbanístico y paisajístico, así como a la “integración de las artes” para humanizar y hacer habitables los espacios funcionales o funcionalistas. Es decir, que la “forma”, se hace tan necesaria para el cumplimiento de la “función”, como las vigas de hierro, los cables y el cemento armado.

Todo esto para mostrar como nada en el diseño original del Sistema Metro, desde las vías de riel hasta la publicidad, estaba dispuesto al azar o sin planificación. Todo respondía, en un principio, al funcionalismo de la obra en cuestión. Los espacios de publicidad fueron diseñados estratégicamente y dispuestos en lugares claves de trenes y estaciones para publicitar sin perturbar la experiencia del usuario, avasallándolo o invadiendo su atención. Es decir, la antigua administración “sacrificaba” el espacio y la velocidad de percepción de su publicidad por la tranquilidad visual, la seguridad y la condición humana del “Usuario Metro”. Se integraba la ganancia capitalista al bienestar social. Depositando la responsabilidad en el usuario particularizado y no en órganos represores. Por eso el caraqueño siempre se ha sorprendido de “que distintas son las cosas en el Metro” refiriéndose a su propio comportamiento. Una imagen que ha ido variando en los últimos cuatro años.

En primer lugar, las antiguas normas que garantizaban una disposición respetuosa para con el usuario, de los elementos de diseño y publicidad, insistían en políticas visuales que obligaban a la buena percepción y que no invadían el espacio real o visual de quien viajaba. Por ejemplo, hasta hace muy poco, nadie se hubiera atrevido a cambiar el estricto orden de colores de la cartelería y señalización del Metro, que puso letras blancas sobre marrón oscuro mate y letras negras sobre amarillo pálido mate. Es indiscutible, sin necesidad de ser diseñador gráfico, que esta combinación de colores se lee con mayor facilidad (sean señales o nombres de estaciones). Producto de estudios urbanísticos y de color muy serios, (aunque fuesen asesorías extranjeras de la IV) efectuados cuando el Sistema estaba todavía en obras, a principios de los ochenta. Sólo la estandarización rigurosa de este código de color a todo el Sistema permite que resulte funcional. Si en una estación, los carteles son diferentes al resto, como ahora sucede, se pierde todo el efecto visual dirigido a agilizar y humanizar la experiencia del transeúnte de esta vía rápida.

En segundo lugar, estas normas fueron pensadas para mucho tiempo de uso. Es por eso que su alteración parece disparatada y contrarrevolucionaria, porque implica echar atrás grandes esfuerzos previos, que costaron caros al Estado, y el abandono, en consecuencia, de esfuerzos actuales. Resultaría difícil fechar el cambio acontecido en las políticas visuales para trenes y estaciones, lo referiremos entonces en función de las campañas realizadas, para que cada cual lo ubique de acuerdo a su experiencia y memoria. Siendo el Metro un ente que recién se inserta en la práctica posmoderna de transparencia institucional a través de los medios masivos. Es decir, que hasta hace muy poco no mantenía al público oportunamente informado de su situación y avances internos; aunque transparencia mediática no es lo mismo que Contraloría Social.

En un principio, la difusión publicitaria del Metro de Caracas en sus propias instalaciones comenzó con las cajas de luz o “soportes” para publicidad, incluidos en el modo de producción original: bien separados y distribuidos en el interior de trenes y paredes de estaciones. A partir de campañas como “Llega lejos. Llega donde quieras.”, “Un buen Usuario Metro” o las campañas Línea 4 y Línea 3: “Del Tuy a Caracas”, así como aquella de “Cede el puesto” (concientización acerca de embarazadas, ancianos y personas con movilidad reducida), empezaron las modificaciones en las normas originales de diseño del Metro. Ellas incluyeron cambios en el logotipo institucional y en las maneras de presentar la información, desmejorando su calidad como “formas visuales de comunicación de masas” para transporte público. Las letras por ejemplo, ahora de más difícil lectura en cada campaña.

A partir de la Copa América 2007, evento deportivo y cultural de impacto nacional celebrado por primera vez en nuestro país gracias a la voluntad política del Gobierno Bolivariano, comenzó la transformación radical del modo de producción de publicidad y del monopolio de lo visual en el Sistema Metro. En esta ocasión hicieron acto de aparición por vez primera las ahora famosas gigantografías autoadheribles. El gigantesco “Guaki” cubría las áreas libres de cerámica coloreada de muchas estaciones y en las máquinas de boletos o en los “torniquetes”.

Son impresiones de gran formato sobre plásticos autoadhesivos que abarcan mucho espacio en claustrofóbicos recintos subterráneos y que dejan manchas de pegamento que en el caso del cemento no salen, afeando de manera definitiva una vía pública.1 Que es de lo que se trata la institución de Estado con vocación social que es el Metro de Caracas y no de una “empresa comercial” en la que prima la ganancia. Para rematar, hacia el final de la Copa América fue que se instaló, con obvio retraso, la siguiente modalidad sospechosa de las gigantografías autoadheribles: “forrando” suelo y techo, así como la cara exterior completa de vagones de cada tren, cuando no de trenes completos. Queremos denunciar aquí, que éstas son prácticas propias de empresas privadas antisociales, del neocapitalismo más salvaje y que no resultan admisibles en una empresa estatal (adscrita al Ministerio de Infraestructura) de tal magnitud y trascendencia social. O sea, no sólo me forraron los trenes por dentro y por fuera con publicidad de la Copa América (para luego sustituirla por productos comerciales), sino que además lo hicieron cuando este evento ya se había terminado.

Posteriormente a la puesta en olvido de este importante evento, vino la arremetida definitiva del nuevo, modo de producción publicitaria capitalista (“publicidad integral” la llaman). Evidentemente, la disponibilidad presupuestaria para financiar gigantografías autoadheribles para la Copa América no tenía sólo ese objetivo. Una vez abierto el ingreso de un chorro de dinero, se perdió cualquier límite del sentido de su uso en estos menesteres. Pérdida de límites que llegó al extremo de pretender y anunciar un “cambio de imagen” (sí, como en los fashion shows) para el Metro de Caracas. Cosa absurda e imposible, dado que se trata de una obra funcionalista que desde un principio planificó mantener su misma “imagen” inalterable, articulando normas para mantenerla, es decir, no cambiar nunca de imagen en función del usuario.

Cambiar de imagen, entonces, significaría reformismo mediático, imagen de cambio para aparentar cambio, pero ¿para qué reformar la única institución nacional, donde a todas vistas las cosas siempre ha funcionado eficientemente, incluso en la IV república? No es posible, por eso es que la reforma ocurre en la “imagen institucional”, pero para mal, porque socava el fundamento original de diseño urbanístico armónico sustituyéndolo por el “pastiche visual” de la publicidad capitalista, que arremete contra el espacio personal del “Usuario Metro”.

Este paradójico “cambio de imagen”, paradójico por irrealizable, se ha manifestado en una serie de cambios concretos llevados a cabo simultáneamente, como una ofensiva:

a) la transformación indirecta de un logotipo que por ley no puede ser cambiado (la “M” con la flechita en su pata derecha). Encerrando arbitrariamente un logotipo cuadrado en un círculo, con todas las pautas de diseño que esto implica, que se confunde con el de las señales de tránsito. Agregándole además la palabra “metro”, en minúsculas y con una fuente tipográfica corrida. No hay que ser un genio para percatarse de que las letras cursivas o caligráficas a la distancia no se leen. Única razón necesaria para tildar de “ineficiente” a cualquier logotipo, imagínense el de la vía rápida más importante de una Nación con una administración fundamentalmente capitalina.
Luego

b) se modificó el Mapa de las Líneas, adaptándolo a la realidad del mapa de Caracas pero sacrificando una vez más su legibilidad. En algunos vagones sí y otros no, de manera irregular, debido al hecho paradójico de una administración coyuntural pretendiendo cambiar una “imagen” que solo se puede cambiar a medias, ya que no fue pensada para cambiarse sino para permanecer intacta pese al paso de los años y las administraciones.

La desmesura de este nuevo modo de producción publicitario aplicado al Sistema Metro halló su apoteosis (y su descaro) en:

c) la decoración escenográfica paulatina de la estación Plaza Venezuela. Un decorado consistente en costosísimas gigantografías autoadheribles con reproducciones de fotografías dedicadas a la alegoría nacionalista de lo natural: fotos de animales autóctonos como el oso frontino o la guacamaya y de objetos típicos como un peñero de pescadores. Esto vino acompañado de una alteración deliberada, arbitraria, injustificable por sólo decorativa, de la señalización, que denunciábamos líneas atrás. Se sustituyó el código de colores que describimos al principio por uno que se lee menos: Letras negras sobre plateado brillante. No sólo se sustituye al marrón mate con plateado brillante sino que se hace burdamente, “forrando” con un autoadhesivo que genera burbujas de aire y cuyo pegamento tarde o temprano va a ceder, a las señales, ahora ilegibles, de tan importante estación.

Para colmo, esto fue promocionado como una “obra” del Metro de Caracas, sumando más gastos aún en campañas externas en medios masivos. Se oía por los altavoces del Sistema, por esos meses, hacer mención constante de la “nueva imagen” de Plaza Venezuela, reproduciendo “testimonios” grabados de personas las cuales todas manifestaban, por supuesto, sentirse agradadas con el “cambio de apariencia”. Como si el Metro de Caracas se tratara de una gobernación o un ministerio con la necesidad de manifestar su adhesión política. Que yo sepa, los cargos de dirección de la compañía Metro de Caracas C.A., no son ni de elección popular, ni revocables. Igual fue con la liberación de los boletos para salir de las estaciones; una medida para agilizar el tránsito coaccionando al usuario (“ahora usted encárguese de su boleto”) que sólo ha servido para llenar trenes y estaciones de cartones amarillos mal desechados, que le generan un nuevo y evidente problema de limpieza al Sistema.

Lo que demuestra que no se cambian hábitos sociales de una ciudad entera, que llevan forjándose décadas, con medidas coyunturales de carácter populista y “de la noche a la mañana”. Además fue con esta estación que se comenzó a cubrir las cabinas de operadores, color marrón mate, con autoadhesivo plateado brillante. Así como óvalos pegados a lo largo de todo el borde de la “raya amarilla”, tan importante para la seguridad.

El broche de oro del decorado en Plaza Venezuela consistió en un par de “pantallas artísticas”, así las llamaron, ubicadas a cada lado de la parte superior de la estación. Que sólo funcionaron durante las primeras semanas con una monótona repetición de un único loop que consistía en unas pocas fotos amateurs de espacios del Metro, sin mayor convocatoria artística y sin mayor empeño. Señalo esto para hacer un contraste con el abandono en que se encuentran las obras de arte del Sistema, así como en lo difícil que resulta para cualquier artista nacional solicitar los espacios del subterráneo para ejercer su oficio.

La permisología en estos casos es muy complicada y a pesar de que cualquier caraqueño posee una foto informal del Metro en su haber, el permiso formal para hacer fotografía artística o intervenciones urbanas cuando no obedece a fines comerciales o performance resulta casi imposible en exigencias legales y para cualquiera que no pertenezca al circuito de artistas consagrados, o a determinados partidos políticos.

A partir del “cambio de imagen” de la estación Plaza Venezuela ha aumentado el ritmo y alcance de la sustitución del modo de producción original para la publicidad, por el nuevo modo de producción capitalista, que cuantifica el espacio libre de la pared para lucrar. Usted, usuario cotidiano del Metro, ¿no se ha percatado de que últimamente las cajas de luz pasan meses vacías, cada vez en mayor número, sin cambiar o tapadas con un papel blanco que igual transparenta, mientras que sobra la publicidad autoadhesiva que invade su campo visual? Se trata de una nueva política visual, que ve más importantes las necesidades de empresas comerciales que el descanso de su vista y la de cada usuario más.

Se trata de una nueva política visual que sustituye el modo original por este nuevo modo de producción que amplia sus medios con 1) Gigantografías autoadheribles invasivas a full color 2) Periódico Metro ahora también para usuarios 3) Publicidad constante en radio y TV 4) Exposiciones como la actual “Grandes obras del Metro de Caracas”, ubicada en la estación La Hoyada. Esta excelente muestra, acompañada de actividades domingueras infantiles, nos informa y enseña a todos los usuarios de los nuevos proyectos de obra verdaderos y de real trascendencia e impacto social de la compañía Metro, como por ejemplo el “Metro Cable”, la “Línea 5: Plaza Venezuela – Parque del Este” y el nuevo “Sistema Metro Caracas Guarenas Guatire”.

Hemos hablado mucho de publicidad, pero ¿y en qué consiste la publicidad del nuevo modo de producción implementado cada vez más decididamente por la actual administración del Metro de Caracas? Podríamos resumirla de manera muy sintética en dos tipos de clientes fundamentales y opuestos: a) Empresas privadas comerciales, con un perfil neocapitalista, y b) el Gobierno Bolivariano, con un perfil socialista. El primer grupo resulta ser preponderante a la larga, dentro del grueso de la publicidad del Metro, porque incluye al modo de producción original. Es decir, se siguen alquilando las cada vez menos usadas cajas de luz para los clientes comerciales a los cuales este medio les sigue siendo de conveniencia (a pesar de que los contratos parecen ser de seis meses) y se les ofrece a los nuevos clientes, además, un nuevo modo de producción que reduce las exigencias y saca el máximo de provecho en materia de visibilidad.

Es decir se monopoliza el espacio visual libre y diseñado para ser inocuo en función de las empresas capitalistas que requieran mayor publicidad, quizás más cara, pero con resultados más rápidos como los de estas gigantografías autoadheribles pegadas en toda la arquitectura: paredes, suelo, techos, vigas, columnas y recientemente hasta ese “panel” a ambos lados de las puertas de cada vagón. 2

La publicidad autoadherible del primer grupo, o tipo de “cliente”, consiste en un surtido pequeño y numerable de productos de curiosa índole. Se trata de productos de consumo doméstico como el jabón “Dove”, la bebida “Tang” y “Oscar Mayer”. Además merece mención especial que los dos únicos tipos de publicidad dispuestos por “Farmatodo” (por todo el Sistema) no remiten a salud sino a vanidad: Tintes de pelo y cosmética. Así como el contrarrevolucionario anuncio de “Mr. Músculo”, que invade los espacios principalmente de la estación Chacaito con su Superman gringo que te vende un desifectante. Mientras que las empresas comerciales que siguen alquilando cajas de luz y afiches de vagón, el modo de producción original, siguen siendo más o menos las mismas, pero como dijimos, con cada vez menos uso de las cajas de luz o “módulos lumínicos” a cargo de la empresa Metrosistemas C.A.

La publicidad del segundo tipo de cliente tiene presencia tanto en el modo original como en el nuevo. La revolución también ha caído en el pecado de las gigantografías autoadheribles. Con anuncios de la FITCAR 2007, de los Ministerios del Poder Popular, el SENIAT, la positiva “Historia de la Bandera Nacional”, así como consignas políticas coyunturales como por ejemplo el “Por ahora…”, en letras rojas en algunas cajas de luz de cada estación, recién ocurrido el Plebiscito de Reforma Constitucional de Diciembre de 2007.

Utilizando el Metro de Caracas cotidianamente, podemos observar y percatarnos de los usos institucionales de los recursos y del impacto social de estas decisiones, como simples usuarios, como ciudadanos observadores. Aunque corresponda a departamentos diferentes: ¿Cómo es posible que se cambien con mayor rapidez y eficiencia publicidades capitalistas que los tubos, asientos (algunos “Vagones de la Dignidad” no están concluidos en todas las líneas todavía), agarres, paneles, en vagones y estaciones? ¿Qué pasará ahora con el extranjero, o el venezolano del interior que por primera vez en su vida intente leer el nuevo Mapa de Líneas para ubicarse en el Sistema? ¿Qué sucederá con los miles de contagiados diarios de gripe en frecuentes vagones con el aire acondicionado descompuesto?

Se publicitan recientemente, con una campaña, las nuevas tecnologías de seguridad, transparentando su mecanismo con una foto de la “sala de monitores” desde la cual ahora seremos más sofisticadamente vigilados. Que sumado al aumento irremediable de la presencia policíaca, debido al alza de actos delictivos en estaciones y trenes, parece señalar la desaparición, en la praxis, de aquel modelo urbanístico original que utilizaba las cámaras para humillar y disuadir al infractor y no para vigilarlo y reprimirlo. Logrando así, el ahora perdido efecto de autocontrol del usuario, en aquel sistema que nos responsabilizaba a todos y cada uno, con trucos psicológicos, para el funcionamiento mejor posible de nuestra indispensable vía rápida.

Sólo con la contraloría social lograremos llevar adelante la revolución.


En la página web del Metro de Caracas se oferta: “Publicidad integral en Estaciones. Las tendencias de la publicidad en el ámbito mundial apuntan a un concepto integral, que envuelve al consumidor, lo cual implica grandes áreas. Las estaciones del Metro de Caracas ofrecen excelentes condiciones para este tipo de publicidad, al ser “vestidas” aprovechando las diversas formas de expresión visual, bajo el concepto único de promoción de un producto o servicio específico. Ver http://www.metrodecaracas.com.ve/mercadeo/qsomos.html

La Revolución Cubana constituyó para mi generación un faro de luz

Fidel Castro anuncia a través de una carta pública su retiro del ejercicio de cargos de poder en la conducción del Estado cubano.

Por Miguel Guaglianone

La noticia recorre el mundo, provoca todo tipo de comentarios y opiniones y logra hasta a dejar en un relativo silencio a sus más encarnizados opositores de Miami.

Más allá de las ideologías, nadie -exceptuando aquellos que han mantenido a través de más de casi medio siglo un odio visceral hacia su figura- podrá negar que estamos ante uno de los hombres paradigmáticos del siglo XX. Un accionar político que comenzó a sus tempranos veintiún años en 1947 y que durante más de sesenta años se ha mantenido en la escena internacional como símbolo de resistencia quijotesca a las más adversas circunstancias y a los grandes poderes, lo signa como una referencia inevitable para la historia.

Y cuando trato de enmarcar su figura, no puedo menos que evocar a aquel adolescente de 17 años que era yo en 1962, el que se mantuvo absorto y de pie durante más seis horas en el Palacio Peñarol de Montevideo, cautivado por el verbo pujante, la claridad de ideas, la fuerza de sus proclamas y la emoción de estar frente a quien era ya en ese temprano momento (junto a Ernesto Guevara a quien también vimos en esas mismas fechas en el Paraninfo de la Universidad) un paradigma viviente de nuestras tempranas utopías de justicia e independencia.

La Revolución Cubana constituyó para mi generación un faro de luz, un bagaje de esperanzas, una prueba concreta de que era posible creer en que el mundo podía cambiar. Con el tiempo las diferencias entre las expectativas provocadas por esas esperanzas y las realidades concretas que iba decantando la Revolución, hicieron que muchos de nosotros generáramos dudas y desacuerdos con aspectos específicos del proceso cubano.

Sin embargo, y a pesar de ello, Cuba y Fidel como su representante han logrado conservar a lo largo de todos estos años su condición de ejemplo indómito en la búsqueda de un mundo mejor. Sólo cuando nos es posible comprender que los procesos sociales son siempre sistemas abiertos y contradictorios, que nos presentan en su devenir las múltiples tonalidades de gris que tiene la realidad, y que no se comportan según la visión en blanco y negro con que ven el mundo nuestros ideales, es que podemos percibir el verdadero valor de un proceso social que se ha mantenido durante casi medio siglo enfrentando el poder del mayor imperio conocido, con mínimos recursos y con una población escasa y que sin embargo ha persistido en generar su propio camino, dejando un saldo de errores, marchas y contramarchas, e indiscutibles logros y triunfos.

Con el anuncio de Fidel, este proceso nos está mostrando hoy hasta que punto ha logrado una estabilidad institucional. Queda destruida de un plumazo la matriz de opinión promovida y mantenida durante tantos años de la “feroz dictadura del tirano”, que pronosticaba que la salida del poder de Fidel Castro provocaría “el colapso de su régimen”.

Pues aquí nos encontramos con todo lo contrario. Ya hace un año y medio que por razones de salud Fidel Castro estaba alejado de los cargos de poder (aunque seguía manteniendo una actividad regular de análisis de la situación mundial a través de sus escritos) y la transición se ha venido realizando con total suavidad. La responsabilidad dejada en manos de Raúl Castro está siendo compartida con una dirección cada vez más colectiva de la Revolución, que está generando progresivas autocríticas y propuestas de nuevos rumbos.

Igualmente, a diferencia de otros procesos con los que se ha querido igualar siempre a la Revolución Cubana, se han ido formando generaciones de relevo de sus líderes sociales y políticos. Dos de las figuras más relevantes que están acompañando a Raúl Castro en la conducción de Cuba, Carlos Lage (presidente) y Pérez Roque (canciller) son un ejemplo de estas generaciones que han nacido y se han formado dentro de la Revolución.

Puede entonces el viejo guerrero retirarse tranquilo y dignamente a cuarteles de invierno (aunque desde ya aclare que no renunciará a seguir desempeñando la labor intelectual de testigo de sus tiempos), la obra que junto a otros ha forjado está aquí para quedarse y continuará dando que hablar durante mucho tiempo, sobre todo ahora que sabe que no está sola, que los vientos de la historia están cambiando y que nuestra América parece orientarse hacia su destino común.

miguelguaglianone@gmail.com

domingo, 15 de febrero de 2009

Apuntes para la autocrítica

En tiempos de revisión y rectificación

Por Miguel Guaglianone

En los momentos en que las cosas no suceden como esperamos, cuando nuestras acciones no provocan los resultados que estimamos, es cuando el proceso de autocrítica se aparece como una excelente herramienta para poder continuar el camino. Este proceso es aplicable tanto a cada individuo en particular, como a los grupos sociales y políticos.

La realidad que nos rodea generalmente tiene su propia dinámica, que no tiene que coincidir necesariamente con nuestras intenciones o deseos. Existen dos modos básicos de moverse en ella (con infinidad de matices), podemos intentar doblegarla a nuestras expectativas, lo cual produce normalmente resultados diversos y azarosos (a veces ella responde positivamente a nuestros actos y a veces no). O podemos usar otro método, aquello que el biólogo chileno Humberto Maturana llama “conversar con la realidad” y que algunos filósofos y autores llaman el “fluir con la realidad”. Cuando logramos combinar en un proceso dinámico lo que la realidad nos presenta con nuestros deseos, expectativas y motivaciones, es realmente cuando podemos influir sobre ella. Es necesario “surfear” la ola de los acontecimientos y no enfrentarnos a ellos para poder dirigirnos hacia donde queremos.

Pero existe en todos nosotros, como seres humanos que somos, la tendencia natural a aferrarnos a nuestros propios sistemas, generados en el proceso de vivir (sobre todo si esos sistemas han resultado exitosos en algún momento). La principal dificultad de revisar y rectificar está centrada en la inercia que acumulamos en los modos de actuar. Esta inercia es producto de que los hábitos y costumbres están relacionados con la parte más antigua de la mente humana (asociada al cerebro reptil o cerebro básico) la cual tiene una adaptabilidad mucho más limitada que los sistemas del conocimiento o el sistema emocional.

Por ello, para lograr cambios en nuestras conductas debemos iniciar un difícil, tenso y desparejo proceso que implica un conflicto: sustituir parte de los sistemas internos (que son una parte nuestra y con los cuáles nos sentimos cómodos) que hemos venido creando en el transcurrir de los eventos. Para iniciar este proceso no es suficiente con la voluntad de cambio (que es una emoción), es necesario partir de la convicción de la necesidad de cambios, la cual combina emoción con conocimiento, sensibilidad e intuición. Éste es el motor que nos permite iniciar las reestructuraciones, el que proporcionará la fuerza necesaria para afrontar el proceso de cambios

Esta convicción es el punto de partida (y el sostén) del proceso de autocrítica. A veces llegar a ella constituye el paso más difícil. Muchas veces la necesidad de cambio anunciada no pasa de convertirse en un slogan, una justificación de la impotencia ante los eventos. Si esto es así, ningún proceso de autocrítica será eficiente, se diluirá en medidas no operativas, y seguiremos manteniendo el status quo, repitiendo las conductas que no inciden para que la realidad se acople a nuestras intenciones.

Pasos para la autocrítica

Si hemos logrado la convicción firme de cambios, el primer paso consiste en revaluar nuestra apreciación de la realidad. Es necesario revisar nuestro conocimiento del contexto en que nos movemos y constatar si tenemos una visión adecuada de nuestro entorno. Muchas veces nuestra apreciación es errada porque no disponemos de los datos necesarios para manejarnos. Esto puede deberse a que no tenemos la cantidad suficiente de fuentes de información, o porque aquellas de que disponemos no están suministrándonos los datos correctos. Será entonces preciso ampliar o cambiar nuestras fuentes de información para lograr una percepción acertada de la realidad.

El segundo paso consiste en revisarnos. Esta revisión para ser efectiva debe ser profunda. No detenerse solamente en el análisis de acciones y conductas, sino ir más allá, hacia revisar el modelo de interpretación de la realidad con el cual nos manejamos.

Un método adecuado para encarar esta revisión en el caso personal es la introspección (mirar para adentro), y en el caso de los colectivos el de una discusión abierta, honesta y múltiple sobre quienes somos y de que forma vemos el mundo.

En el caso personal la visión del si-mismo es la imagen que el yo tiene de sí. En el caso de los colectivos esa visión del si-mismo es un consenso de supuestos comunes entre quienes conforman el colectivo. Para realizar este proceso de revisión es necesario poder conseguir una visión transversal de nosotros mismos, vernos con nuevos ojos, lo más desapegados posibles de nuestra visión habitual de nosotros-mismos. Con esa visión más desapegada, podremos ejercer una duda constructiva sobre nuestro si-mismo, confrontando cada parte de nuestro ser (tanto en lo personal como en lo colectivo) y sometiéndola a un interrogatorio dubitativo (¿Por qué creo en esto, porqué estoy convencido de esto otro, etc.). Así podemos empezar a rehacer aquellas partes de nuestra visión del mundo que pueden estar desajustadas con la realidad externa y que determinan nuestras acciones y decisiones frente a la realidad.

Este proceso de duda se complementa con el recurso de los espejos externos. En el caso personal acudiendo a personas que nos conocen y que pueden proporcionarnos una visión de nosotros-mismos capaz de ser confrontada con la nuestra. En el caso de los movimientos sociales, habrá que recurrir a visiones similares a la nuestra (aunque no coincidan exactamente o no estén directamente comprometidos con ella) que nos den también una óptica externa sobre nuestro colectivo.

Los logros proporcionados por la duda y los espejos externos nos permiten una nueva evaluación del nosotros-mismos a la luz de estos nuevos elementos. En la confrontación y comparación con lo ya existente podemos ser capaces de generar un proceso dinámico enriquecedor, posible de modificar nuestra forma de ver el mundo.

El próximo paso consiste en incorporar los nuevos elementos generados en esa confrontación y comparación. Es necesario aclarar que todos estos procesos no pueden limitarse solamente a los elementos conceptuales que logremos, sino que deben incluir necesariamente las percepciones intuitivo-sensibles y las emocionales, bajo el riesgo de no lograr resultados efectivos si estas últimas no son parte integral del camino que estamos asumiendo. En otras palabras, el proceso de cambios generado por la autocrítica no puede limitarse a cambiar nuestras ideas, debe lograr cambios en nuestra sensibilidad y en nuestro sistema emocional, cambios que solo serán efectivos si incluyen todas estas facetas que conforman nuestra visión del mundo.

Finalmente, para lograr incorporar estos nuevos elementos, es necesario generar un consenso (tanto en el ser interior, en el caso personal, como en el seno de los movimientos colectivos) que permita la acomodación y reestructura general. Este consenso en caso de nuestro ser interior consiste en “reacomodar las cargas” de los elementos que determinan nuestra visión del mundo, y en el caso de los movimientos colectivos, el cambio, incorporación o reacomodación de los supuestos comunes que constituyen la argamasa de unión entre quienes pertenecen a ellos.

El último paso seguirá desarrollándose en adelante. Consiste en formar el hábito del uso de los nuevos cambios. Sólo se logra manteniendo firme la convicción inicial y repitiendo adecuadamente los nuevos patrones y sistemas frente a cada circunstancia. La inercia de que hablamos en principio se vence a través de la imposición de nuevas formas de acción.

Resultados

El proceso de autocrítica, si logra cumplir con éxito los pasos descritos, genera cambios importantes en nuestra conducta que tienen una repercusión inmediata en nuestro desempeño en la realidad. Si logramos ser poco a poco diferentes de lo que éramos, actuaremos diferente y lograremos resultados diferentes.

Sin embargo el proceso de autocrítica puede ser usado de otras maneras. En lo personal a veces es el pretexto para elaborar un cambio “gatopardiano”, cambiar algunas cosas para que todo quede como está. Es fácil engañarse y realizar sólo los pasos formales del proceso, sobre todo a nivel del entendimiento racional (en el mundo de las ideas) y convencerse de que los cambios han sido realizados, cuando lo que se ha logrado es nada más que un pretexto que justifica consigo mismo a quien lo realiza y no provocará los cambios necesarios en su conducta.

En lo que respecta a los colectivos, la autocrítica mal utilizada (intencionadamente o no) ha llevado a monstruosidades políticas y humanas como las acontecidas en los juicios por desviación ideológica o política en la Unión Soviética stalinista o en la Revolución Cultural de la China de Mao, dónde la “autocrítica” llegó a consistir en un mea culpa público que daba toda la razón a los factores de poder imperantes y humillaba hasta la autocondena a quien estaba demostrando sus “errores revolucionarios”.

La única referencia que tendremos para saber si hemos realizado positivamente el proceso de autocrítica será el feed-back (la respuesta) que nos proporcione nuestro entorno. Los cambios realizados provocarán inmediatamente unas respuestas de la realidad que estarán más adecuadas a nuestras motivaciones, objetivos y deseos.

Será preciso entonces mantener los ojos bien puestos en estas respuestas (en forma sistemática y profunda) ya que serán quienes nos vayan indicando si hemos logrado el éxito en realizar los cambios que las circunstancias nos estaban exigiendo.

Finalmente, estos apuntes no constituyen una verdad indiscutible, ni pretenden proporcionar una fórmula mágica para solucionar problemas. Son nada más que reflexiones sobre una experiencia acumulada y un estudio prolongado del proceso de autocrítica, tanto a nivel personal como en lo colectivo. Su único propósito es intentar transmitir alguna referencia capaz de ser útil. Si algo de lo expuesto es capaz de producir algún eco o reverberación en otros nos sentiremos más que satisfechos de haberlo realizado.

E-mail: miguelguaglianone@yahoo.com.ar